Esta es una historia de Oaxaca. La de Miguel prepara chocolate caliente.
En la huele a canela. Todos comen juntos antes de las ocho.
El fin de semana la come junta. La comida empieza a las dos. Hay sopa, pollo y ensalada. El abuelo cuenta historias antiguas de Oaxaca. Todos escuchan y ríen mucho. Después los niños juegan en el patio.
Por la noche Miguel lee un libro pequeño. Lee diez páginas cada día. También escribe tres frases sobre su día. Es una costumbre simple, pero muy útil. Aprender un idioma necesita tiempo y paciencia.
Miguel apaga la luz a las once. La ciudad está silenciosa. Solo se oye un perro y un coche lejos. Miguel piensa en el día de mañana: el trabajo, los amigos y la clase. Cierra los ojos y sonríe.
Miguel vive en Oaxaca. La casa de Miguel es pequeña y tranquila. Hay una mesa, dos sillas y una ventana grande. Por la ventana entra el sol de la mañana. Miguel abre la ventana y saluda a los vecinos. Los vecinos son amables y siempre dicen «buenos días».
En la calle hay muchas tiendas. La panadería abre muy temprano. Miguel compra pan, fruta y leche. El pan cuesta un euro. La señora de la tienda se llama Carmen y habla despacio. Miguel entiende todo y está contento.
A las nueve Miguel llega al trabajo. Trabaja cinco días por semana. En el trabajo hay cuatro personas. Todos toman café juntos a las once. Hablan del tiempo, de la y del fin de semana. El café está caliente y muy rico.
Por la tarde Miguel camina por el centro de Oaxaca. Mira las plazas, las flores y los árboles. A veces come un helado. El helado favorito de Miguel es de chocolate. Después descansa en un banco y escucha música.
Al final del día, está cansado pero contento. Mañana será un día muy parecido, y eso también está bien.
